LOS 15 EN LIMA

domingo, 15 de marzo de 2009 ·

Lima siempre había sido para mí, aquel mounstruo imposible de domar, donde hasta el respirar era peligroso, donde nadie podía salir a la calle sabiendo si es que iba a regresar o no, un miedo que tuve desde pequeño, es por eso que cada vez que por obligación iba con mis padres, agarraba a algunos de mis progenitores lo más fuerte posible, pues pensaba que sólo con ellos estaría seguro.
Nunca pasó por mi cabeza el irme sólo, prometí no pisar esa ciudad hasta el día en que me haya graduado y necesite pasar por allí para tomar el vuelo que supuestamente me llevará a hacer mi maestría en Argentina o Brasil. Pero si bien es cierto, eso está muy lejos de la realidad, tuve que romper mi promesa, era una razón especial, acudiría al quinceañero más impresionante, que haya podido si quiera pensar por la cabeza, un quinceañero especial, pues la agasajada ni si quiera la conocía personalmente, sólo sabía que ella sabía de mí, nunca la había visto personalmente, no empaqué ropa de gala, una camisa, un polo, 3 cargadores y 2 kilos en King kones era lo único que cargaba en mi maleta.
Abordé el primer bus que encontré en el terminal, pagué el boleto y eché a dormir lo más rápido posible, pues en estos viajes, lo peor que uno podría hacer es quedarse despierto toda la noche, escuchando roncar a los demás pasajeros.
Cuadra 3 de Montevideo, uno percibe lo peligrosa que es, desde que baja del ómnibus, caras de pocos amigos, en cualquier lado, tenía que abordar un taxi, así que confiado en mi instinto, acepté la generosidad, del cual había visto, el más “confiable” posible, me dijo que dentro de su taxi había una señora, que iba por mi ruta, por un momento pensé en buscar otro taxi, pero bueno, mi instinto no me ha fallado últimamente, así que seguí adelante subí al auto y esperé que me lleve a Canadá con Guardia Civil, donde según lo acordado estaría esperándome, Angel (mi casi hermano) . No era la acompañante soñada, pero era lo que había, dijo tener cáncer en el pulmón y que se iba decidida a operarse si así era necesario, sus hijos estaban en Trujillo, 7 si más no recuerdo, jactábase de tener 27 nietos, todos ellos profesionales, una mujer con un impresionante optimismo. No paró de hablar hasta que bajé del auto, se despidió afectuosamente no sin antes desearme suerte.
Angel me esperó en la avenida acordada, era la primera vez que lo conocía, creo que si hubiera podido escoger tener un hermano, no hubiera tenido dudas de que el sería el elegido, me guío a lo que hasta esos días era su departamento, un duchaso, cambio de polo y enrumbé a tomar lo que sería mi desayuno de ese día, fiel a mis costumbres, frapuccino de fresa con pepermint, arribé el micro que en 5 minutos me llevó a aquel lugar desconocido, una imponente infraestructura, luego de la debida venia de la recepcionista, subí hasta el tercer piso, el “gordo” Mosquera, el “pato” Padilla y “Cemumu” fueron los que me recibieron, a excepción del “pato”, los demás sólo me conocían, por nombres, poco a poco fueron llegando los demás invitados a la casa de la quinceañera, “Mostacho”, “malingas”, “chato Tello”, "Tukutin", Vizcarra, "Pecho de gato", mi tío Toledo, el gordo "Gamarra" Swayne, “Rambi”, Julio Ávalos, “la Juanchi”, Katherine, “Chucho” y el “patrón”, todos ellos hicieron que a pesar de no estar invitado, me sienta no como un invitado más, sino como el invitado especial, en aquella recepción, en aquel restaurant de Javier Prado, allí donde descubrí, que no había quinceañera, pues todos eramos los agasajados, todos eramos parte de aquella celebración, que el trabajo hecho por todos, estaba dando verdaderos frutos y que sin lugar a dudas estábamos consolidados como el mejor diario del Perú, descubrí también la base de esto era no sólo, la excelente producción, sino la familia que se forma desde que uno pisa Epensa, la familia que desde aquel día aprendí a ser parte, 15 años que a pesar de que no tuvo ni baile, ni luces, fue el mejor quinceañero, un quinceañero de por vida.

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Creador de historias fantasiosas, temerario defensor de la esperanza, cree fielmente en la justicia, escritor por convicción. Espera algún día llegar a cronista, por el momento solo se contenta con escribir en un diario limeño.

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